Cómo el divorcio de Fran Rivera y Eugenia Martínez de Irujo cambió para siempre la vida de la llamada ‘Duquesita’

Duquesa de Montoro y grande de España, Eugenia Martínez de Irujo, apodada ‘la duquesita’ por la prensa del papel cuché, tenía un futuro mediático y profesional prometedor. La única mujer de los seis hijos de Cayetana Fitz-James Stuart (la duquesa de Alba), Eugenia siempre estuvo muy unida a su madre (peleas típicas mediante) y era más que habitual verlas del brazo caminando por Sevilla, Ibiza o Madrid, sus tres ciudades favoritas y en las que siempre vivieron a caballo.

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Acostumbrada a que las cámaras la siguieran, Eugenia vencía su característica timidez con sonrisas amables y declaraciones llenas de sinceridad. Todos sabían que su futuro, muy probablemente, estaría ligado a la moda, la publicidad o la televisión y que en lo amoroso se casaría con alguien de la nobleza. Sin embargo, ‘la duquesita’, quien había heredado de su madre la pasión por la tauromaquia, demostró desde bien jovencita que a ella el ruedo le tiraba también en lo amoroso. De ahí que con solo 18 años mantuviese una relación con el diestro Luis Aparicio, más tarde con El Litri, y finalmente con el que cambió por completo el rumbo de su vida: Fran Rivera, el primogénito de Carmina.

Una boda de cuento de hadas.

El hijo de Paquirri y de Carmina Ordoñez consiguió lo que ninguno de los otros pretendientes de Eugenia había logrado: enamorar también a su suegra, la duquesa de Alba. Cayetana no podía estar más contenta con el noviazgo, pero era vox populi que era una relación de idas y venidas. Tanto es así que la pareja cortó en más de una ocasión. Sin embargo, en 1997, torero y ‘duquesita’ deciden intentarlo de verdad y el 23 de octubre de 1998 se casan por todo lo alto en la catedral de Sevilla y bajo la atenta mirada de sus más de 1.000 invitados y de España entera.

Un enlace de alta alcurnia, propio de un cuento de hadas ‘made in Spain’. Nobleza y tauromaquia. ¿Qué más se podía pedir? Fidelidad. A punto de cumplir su primer aniversario de bodas, Eugenia da a luz a la que es la única hija en común del matrimonio. Tana (Cayetana) colmó de felicidad a sus padres en un momento en el que la relación ya hacía aguas. Las revistas hablaban un día sí y otro no de problemas maritales y se insinuaban continuamente los escarceos amorosos que el diestro mantenía con varias mujeres. Una situación que saltó por los aires cuando en 2002 la pareja anuncia que se separa.

Las infidelidades del torero acabaron con su matrimonio..

“Pedimos el mayor respeto posible a nuestra privacidad en estos momentos difíciles durante el plazo que duren los trámites de separación”, rezaba el comunicado que redactaron. Sin embargo, la prensa no tardó en destapar la infidelidad de Francisco con una atractiva aristócrata sevillana llamada Maya García Coronas. Aunque ella lo negó, el torero no tardó en disculparse públicamente con Eugenia (aunque sin especificar el porqué), pero de nada sirvió.

“Como todo el mundo sabe, las cosas no empezaron a ir bien por intromisión de terceras personas por parte de Fran, según mi hija. Yo ahí ni entro ni salgo, pero lo cierto es que Fran le pidió perdón muchas veces y ella no quiso perdonarle, de tan herida que se sentía”, explicaba con su sinceridad habitual la madre de Eugenia quien seguía abogando por una reconciliación.

Fue durante este proceso de divorcio cuando Eugenia Martínez de Irujo dejó de ser un personaje público por voluntad propia. Dejó de ir a conciertos, a fiestas, dejó de conceder entrevistas… Se volcó en su hija y solo siguió colaborando, como lo hace a día de hoy, con la firma de joyería Tous. Refugiada en su papel como madre y en su trabajo, Eugenia intentó encontrar el amor repetidamente, pero naufragaba. Solo la vimos de nuevo disfrutar de una aparente normalidad mediática cuando comenzó a salir con Gonzalo Miró en 2005, pero tras varias idas y venidas cortaron de manera definitiva en 2009.

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Fue un año más tarde cuando su preciada vida alejada del ojo público se desmoronaría cuando Fran la lleva a los tribunales para luchar por la custodia de su hija. Según el diestro, la niña quería vivir con él y esto supone el inicio del fin de la cordialidad imperante en su relación con Eugenia. Lo que es peor, la duquesa de Alba, la que fuera su suegra y quien siempre apostó por él, le daba la espalda.

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Un antes y un después en la vida de Eugenia, quien siempre mantuvo una actitud serena, pero hermética de cara a la prensa, y que así ha continuado, incluso tras contraer matrimonio en 2017 con Narcís Rebollo, presidente de Universal Music España y Portugal. El único hombre hasta la fecha que ha hecho que Eugenia vuelva a sonreír de verdad y con el que protagonizó una boda en Las Vegas que nada tuvo que ver con la de ‘cuento de hadas’ con Francisco.

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