De momento, la exposición casi total de nuestras vidas en las redes sociales nos resulta de lo más natural. Sin embargo, no podemos perder de vista algo en lo que insisten los expertos: son una invención tan reciente, que en realidad estamos viviendo una especie de salvaje oeste de la relacionalidad digital, en la que la falta de reglas y regulaciones permite casi de todo. De camino a los diez años de la aparición de Instagram, la jovencísima generación Z comienza a hacer que nos replanteemos fenómenos que hemos naturalizado, sobre todo en lo que se refiere a la visibilidad o invisibilidad de los niños en las redes. ¿Realmente tiene el mismo valor social una foto del álbum de familia que un selfie que quedará para siempre en el archivo digital global? ¿Acaso no tienen derecho esos niños a decidir, cuando estén preparados para valorar las consecuencias, si quieren o no participar del escaparate de las redes? En el caso de los famosos que convierten su imagen en una marca comercial, ¿cómo valorar que traten de personalizar o ampliar ese espacio publicitario que son ellos mismos fotografiándose con sus hijos? ¿Dónde trazamos la línea que separa el orgullo materno de la comercialización?
La aparición de un selfie de la hija de Gwyneth Paltrow, Apple Martin, en la cuenta de Instagram de su madre ha sorprendido muchísimo a los observadores de las redes. La hija de Chris Martin le ha insistido en varias ocasiones a su madre, y además públicamente, que prefiere que su imagen no aparezca en su perfil, pero parece que hizo una excepción en su 16 cumpleaños. A los 14, sin embargo, le advirtió: «Mamá, ya hemos discutido esto. No puedes publicar fotos mías sin mi consentimiento». La joven es perfectamente consciente de su derecho a controlar su propia imagen, pero además el espacio digital de su madre no funciona como un álbum personal de imágenes, sino que está fuertemente ligado a su actividad comercial como CEO de Goop! No se trata simplemente de una foto familiar sino de un anuncio. Una publicidad.
El caso paradigmático de esta hibridación entre lo familiar y lo comercial es el de Kim Kardashian y su familia numerosa. Las imágenes de sus cuatro niños, ya desde bebés, forma parte de la marca bajo la cual la influencer comercializa sus emprendimientos y su vida. De hecho, su mutación de ‘pin up’ sexy a madre de familia (de vender corsés a fajas trendy) tiene mucho que ver con el bombardeo constante de imágenes de su familia. Hoy, North, Saint, Chicago y Psalm contribuyen tanto a la marca Kardashian como la misma Kim.
Una tercera vía en las famosas con hijos que aparecen en las redes sociales es la de Beyoncé. Su trabajo de marca se centra mucho más en la narrativa de la ‘power couple’ (pareja con poder) que en la madre de familia, de ahí que las fotos que aparecen en sus perfiles suele estar acompañada de Jay Z y no de Blue Ivy, su hija de 8 años, y mucho menos de Rumi y Sir, sus gemelos de dos. Aún así, en algunas ocasiones no puede evitar subir alguna fotografía familiar, una excepción que en este caso sí confirma la regla: resguardar a los niños de las redes, sobre todo cuando se usan con un propósito publicitario o comercial, resulta lo más sensato y respetuoso. Fijémonos en los hijos de las familias más adineradas del mundo, por ejemplo, los que lideran la lista Forbes. ¿A que no salen en las redes?
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